El cortejo.
Cuando miro documentales de animales, siempre me parece fascinante lo que nos parecemos a ellos. Uno de los aspectos en el que nos parecemos alarmantemente es en la forma de cortejar.
Los animales muestran siempre sus mejores armas, hay unos monos que para seducir a la hembra tocan hábilmente troncos huecos con palos, los pingüinos muestran su masculinidad hinchando el pecho y emitiendo sonidos, y algunas aves, como la del video, hacen un verdadero espectáculo para cortejar a la hembra. Son formas de demostrar lo que valen, lo fuertes y lo hábiles que son, lo sanos que están y en definitiva, que son un buen ejemplar para procrear.
Es inevitable pensar en clásico tío que intenta cortejar a una chica en la discoteca. Ella se hace la remolona al principio, él enseguida empieza a sacar todo su armamento… que si su seductor trabajo, que si es bueno en esto y en lo otro, que es un chico sensible, que es surfista, deportista y tiene una casa en la playa… formas de demostrar hoy en día que son un buen ejemplar. Antaño el buen ejemplar era el que tenía más la fuerza física, hoy los varemos femeninos son otros. Se valora más el tener un trabajo interesante o unas características para tener éxito en la vida. En base a este cortejo, la hembra se siente interesada o no. Por su puesto no es simplemente por lo que dice, hay todo un lenguaje no verbal y procesos naturales que le ayudan a tomar una decisión en forma de intuición, pero eso es otro gran tema.
En fin, que es fascinante observar como aunque la tecnología y la modernidad hayan invadido nuestras vidas, y por muy únicos que nos creamos, nuestro cerebro y nuestros instintos siguen siendo los mismos que hace miles de años. Y nuestro comportamiento, aunque se disfrace un poco, sigue siendo el mismo.